Llave de agua, llave de gas, llave de picaporte, llave y clave suenan tan parecido. La llave de agua precisa abrirse, como nosotras y como las flores, para dejar salir un chorro de vida, que gotea, que nunca podremos alcanzar a percibir como un todo. Los picaportes tienen la fricción de su lado, en la dentadura perfecta de la llave está el secreto para abrir la puerta, el ensamble primigenio, el sexo de las cosas. La llave de gas debe permanecer cerrada, de otra manera nos causaría la muerte, ya sea que el ruido del agua que chorrea no nos deje escucharla o la llave dentada que fricciona con la cerradura –en el Inicio, la puerta estaba cerrada- y las chispas que florecen desde el goce de la puerta que cede puede incendiar la casa y estallar, más allá del chorro, más allá de la puerta, más allá del picaporte. Entonces, por qué las llaves quieren abrir las cerraduras duramente cerradas, si allá donde se abren sólo hay chorros de agua, fuego que espera denso en una atmósfera de gas, chispas de metal que nunca podrán ser vistas, por su hondura, por su inmensa oscuridad.
LLa ves LLa te vi.
ResponderSuprimirAquí tienes.. las llaves de mi alma.. puedes entrar a la hora que tú quierass....
ResponderSuprimirChente Fernandez. (creo).