sábado 16 de julio de 2011

El oficio del escritor de marquesina: la puesta en escena

Voz en off, anunciándose en un carrito con altavoces:
  [Ahora, en su teatro más cercano, tenemos ding ding ding 'El oficio del escritor: la puesta en escena']
A diferencia de los tiempos de Barthes donde el escritor era un escribiente, combinación entre militar y escritor, o de Camus, donde escribir era por una mera búsqueda de cambio, tenían al progreso a la vuelta de la esquina, estamos en el tiempo de las marquesinas y los espectaculares que anuncian la nada. Ellos la tenían más fácil, decimos; la ventaja del no saber el devenir es que viene escondiéndolo todo, un futuro que, al ser incierto, es inspirador. Si podemos cambiarnos a nosotros, podemos cambiar el mundo declaraba Freud, entre otros slogans similares al lema mexicano 'Tierra y libertad'. 
(Y la libertad, ¿de quién era, de Zapata, de la pluma de Zapata o del figurín que forma parte del juego político histórico para la posteridad?)
La escritura siempre debe estar al servicio de la sociedad, decía Sartre, una literatura sin compromiso no puede llevarnos a ningún lado, 'La puesta en escena' ha comenzado, el onanismo literario se hace presente, desafortunadamante ahora nos falta esperar a que termine. ¿Necesitamos evidencia del qué hacer literario o simplemente requerimos beber textos que nos lleven a esa esperanza de años anteriores?
Yo diría, no pretendan, no jueguen al intelectual de marquesina espectacular, mejor escriban y cállense, que sus textos hablarán por sí mismos.

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