martes 28 de junio de 2011

Mind Tricks: to play on people pt.4

He jugado a tener muchos nombres, he tenido por juego predilecto aquel que se basa en hacer trucos para aplicar a las mentes amantes. Esto no me hace inhumana. El juego lo inventé yo, para darle poesía a los pasos de diez dedos en el asfalto. Nunca pensé en Owen ni en sus nubes, ni en el tabaco de Pessoa, ni en los ojos verdes de Becquer. sólo quería funcionar dentro de una dinámica macabra que consiste en quitar el bondage de los ojos y desatar el origen de las madrugadas. Todo comienza por este camino, el de los solitarios, el de la juerga de las ambiguedades y sus trinos elevados. Usamos una máscara que se cae en el momento del éxtasis, y vaya que no lo he visto todo. Por qué tenemos un capullo entre las piernas, jirones de lo absolutamente necesario, por qué me quedo aquí si nunca he entendido de qué se trata todo esto. Nadie me dijo del erotismo y sus efectos, nadie habló antes de la causa y efecto de los sonidos húmedos al oído. Todo lo fui aprendiendo como quien se deshace de la ropa y expira en el vacío. Hay una palabra, a todo esto, que termina con el juego exabruptamente. Cuatro letras que sólo Dios sabe cómo ensamblar. A cierta edad uno descubre que Blake estaba equivocado, que el exceso es búsqueda, una forma convencernos de lo efímero de un juego. Quítame esta poesía de encima y cúbreme con tu cuerpo, pero qué significa. Ya he perdido muchas veces, aunque sólo sea un juego. Me pregunto quién carajos pensó que yo estaba jugando, si todo era en serio, porque con esto no se juega, no.

1 comentarios:

  1. Me gusta el "usamos una mascara que se cae en el momento del éxtasis". Y la máscara es completamente necesaria. Sin ella, pues, no hay juego. El juego de las máscaras.

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